

Alto Verde ha sido cuna de grandes personalidades. Algunos destacados por siempre en la Isla y otros trascendiendo las fronteras del propio pueblo. Gente de trabajo calificado, dirigentes sociales, del campo de la cultura, el canto y el deporte entre otras actividades. Roberto Galarza, “Chocho” Mamaní, Demetrio Gómez, Ricardo Centurión, “Kivi”, Florencio Romero, Horacio Guarany.
FLORENCIO ROMERO, nativo y vecino de Alto Verde hasta sus 30 años, fue un destacado deportista que, por amor al río, supo cargar sobre sus espaldas la responsabilidad de representar a su pueblo en competencias locales e internacionales de natación en aguas abiertas.
Hoy, Florencio, vive en la ciudad de Santa Tomé y tiene a su cargo una escuelita de natación para niños. Es además comentarista radial sobre este deporte acuático y experto en el comportamiento de los ríos de la zona. A guiado a importantes nadadores (nacionales y europeos) de los cuales varios han llegado gananciosos en la competencia más importante de la disciplina en la Argentina. (Santa Fe – Coronda) También nadador eterno... pues a los 70 años continúa haciendo pruebas de fondo por los ríos argentinos.
HORACIO GUARANY (ERACLIO CATALIN RODREIGUEZ)
ERACLIO CATALIN RODRÍGUEZ, mas conocido como HORACIO GUARANY, nombre que lo llevó a la fama como cantor popular y poeta, no es nativo de Alto Verde aunque se canse diciendo que “uno es de donde quiere ser”; había nacido en un obraje del Chaco santafesino en tiempos de “La Forestal” y anotado en la localidad de “Las Garzas” en el norte de la provincia de Santa Fe.
A los cinco años de edad, disparando de la malaria junto a su madre y sus 12 hermanos, llegaron a Alto Verde en 1930 y se alojaron en la casa de la hermana de su madre que vivía allí desde hacía varios años. Trabajó en un almacén de ramos generales, aprendió a tocar la guitarra y solía escribir poemas dedicados a las muchachas del pueblo.
A los 17 años se marchó a Buenos Aires para volver mucho tiempo después ya consagrado en el campo de la música popular folclórica argentina y latinoamericana. Sus canciones son un canto al amor, al paisaje, a la belleza...nunca olvidando a su pueblo ni a su gente. Su pluma también se explayó sobre la libertad avasallada y los derechos humanos humillante mente violados en aquellos años tristemente celebres de la Argentina. Pero esta valiente actitud de compromiso con su gente y su pueblo, le valió el exilio por largos años.
Estando en Madrid lo visitó su entrañable amigo Cesar Perdiguero, otro poeta exiliado con quien, entre vinos largos, compartió toda una tarde inolvidable de miles de recuerdos, cuenta Horacio. A la tardecita de ese verano madrileño, al quedarse nuevamente solo y triste con sus recuerdos mas dolidos, su pluma incansable y comprometida, le dejó este poema a su pueblo: “Carta a Santa Fe”.
CARTA A SANTA FE
El domingo duerme su siesta en santa fe.
Por San Jerónimo, el viejo mercado le ha dado franco a las moscas
que se fueron a la playa; por ahí andarán en Guadalupe
incordiando al solitario enamorado que morirá sin duda haciendo señas,
y nadie lo entenderá.
Allá por San francisco, el convento afeitado y traje nuevo,
se sentará en un banco de la plaza y habrá de preguntar en
vano por el “negro mandinga” de la bajada de 25 y amenabar,
lejos ya de sus negros santafesinos.
Kiro Candioti no me robará más la novia de la infancia,
y los jesuitas, como siempre, esta siesta no pecaran en vano..
Mas allá, el viejo amor perdido tomará entre las brumas del recuerdo
el mismo ómnibus “A” y llegará hasta el barrio de la lona,
haciéndole de paso un guiño sordo al puente negro,
mientras que desde el puente colgante se fuma el último “colmena”
un palanquero que hoy no tiene ni un sábalo en el bolsillo
para ir a gritar el también “¡colón viejo no más!”.
Y los muchachos de Rincón o de La Guardia miraran para adentro
la balsa que ya nunca mas vendrá, porque la vida es otra,
y Pedro no asoma mas su brazada de tiburón y macho en “El Quilla”.
Y después, ahí cerquita nomás,
como si nada hubiera pasado desde entonces,
un largo y triste vino de Alto Verde me da una puñalada
que me duele en los huesos y en el alma!
Y sigo amando, y sigo recordando, Y sigo volviendo cada siesta,
¡tan lejos!...
Hace calor aquí, pero es distinto.
Mi corazón, mi torpe y porfiado corazón, vuela en la siesta
de este domingo tan español y antiguo, como un perro triste
que siempre vuelve a echarse a su rincón.
Allá mi corazón, aquí mi pena, aguardando en Madrid que zarpe el barco
hacia la infinita riqueza del origen y el árbol nuestro,
con la raíz adentro, ¡bien adentro de la tierra!
¡Ay, mi tierra!
(Madrid 1978)
Aclaraciones:
San Francisco: convento de los Jesuitas.
Colmena: antigua marca argentina de cigarrillos
Palanquero: persona que se cruza sobre sus hombros un palo redondo de tres metros de largo y donde engancha percados en su gira para la venta
Colán: clud de fútbol mas populat de Santa Fe