Un día le di la mano a Raúl Alfonsin. Fue en la entrada al edificio del rectorado de la Universidad Nacional del Litoral de Santa Fe, en uno de aquellos días cuando sesionaba la Convención Constituyente en 1994.Hoy, alrededor de las 21 Hs, estaba cenando junto a mi padre y mi hermano, cuando en ese momento la voz del televisor daba una noticia de carácter urgente: había fallecido Raúl Ricardo Alfonsín.
Sentí una inmensa congoja y por segundos la comida me quedo suspendida en mi boca paralizada. Su ausencia se me presentó como acusando cierta desprotección, así como cuando fallece tu viejo.
¿Por qué? ¿Que se muere con Alfonsin? Seguro un poco de la democracia.Por ser el símbolo de una autentica transición histórica que vino a devolver la vida después de años de muerte.
Porque como aquel manco del franquismo, el proceso militar proclamaba el “viva la muerte” y Alfonsin nos permitió amar la vida.
Porque los asesinos también gritaban abajo la inteligencia y Alfonsin nos convocó a pensar, a militar, a tolerar, a disentir….
Y nos movilizamos y naturalizamos el valor de las instituciones, la idea de una republica. Con él no se pudo, sin él, faltará más tiempo.
La historia va presentando cada vez con más claridad lo que sucedió en su presidencia al que algunos denominaron fracaso. Otros, “asalto a la ilusión”, como aquel libro de época de Morales Solá; pero muchos que nos iniciamos en la militancia política al calor de sus discursos y sus propuestas en aquel inolvidable 1983, con críticas, seguimos sus convicciones.Murió Raúl Alfonsin y la vida sigue su curso. La Argentina sigue esperando por alfonsines que entiendan que la política es servicio y no un lugar de enriquecimiento personal.
Millones lo lloran y cientos de miles que nunca lo votaron con su congoja a cuestas, acompañaron su último camino, grito silencioso y desesperado en reclamo de decencia.
Hace casi quince años emocionado estrechaba su mano, hoy he llorado una lágrima por el viejo y querido caudillo muerto.
Néstor Alessio.-












